
Hoy, las ciudades más importantes del mundo se unieron a la premisa “La Hora del Planeta” y apagaron simultáneamente las luces de los edificios públicos y privados más emblemáticos de cada lugar. La idea, era “darle un respiro” al planeta del consumo eléctrico. Pero, ¿éste tipo de acciones aisladas sirve realmente para contribuir en algo?
En la década del ochenta, discipulos de la teoria malthusiana, como el Club de Roma, auguraban un futuro sombrio para la humanidad en su conjunto, amaprandose en el viejo legado que sostenia que, al crecer la población de forma exponencial, y los alimentos de forma aritmetica, se llegarÃa a una situación de conflicto catastrófica. Esta idea tuvo gran difusion mediatica y se apoyaba sobre ciertos datos estadisticos. La construccion de dichos datos, fue fuertemente criticada por una postura antegonica, surgida de la Fundación Bariloche (ver “Catastrofe o Nueva Sociedad”). Al margen de este ejemplo, de lo que se trata es de poner en evidencia que iniciativas de este tipo, surgen de problemas ‘reales’, como el calentamiento global, o distintas manifestaciones de la naturaleza indeseables para la condicion humana. Ahora bien, la pregunta esta en saber, desde una perspectiva histórica, COMO se llegó a esta situación y QUIENES son realmente los responsables. Dejando asà de pensar en “que la humanidad apague la luz”, a que “los que más consumieron, consumen, y seguramente, consumiran”, cambien sus patrones de conducta. Obviamente, el planeta no se sentira ‘más mimado’, si el Obelisco está apagado, y en el Hemisferio Norte no son alterados los patrones de consumo que se han desarrollado en los ultimos cientos de años.