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Ellos

La foto tiene algo más de un año y monedas. Fue en mi cumpleaños 24. En la imagen estoy yo, junto a mis dos abuelos y a mi tío. Hoy, con tan poco tiempo de diferencia, la vida hizo que dos de ellos ya no estén con nosotros.

Mi nono José, el de remera blanca y bermuda gris, nació en 1919 en Calabria, Italia. A los 18 años los inicios de la Segunda Guerra Mundial hizo que su familia decidiera tomarse un barco con destino final en el puerto de Buenos Aires. En ese viaje conoció a la que hoy es mi nona. Luego de unos años como novios decidieron casarse. “Éramos sólo 12 en la Iglesia“, siempre recuerdo que me decía eso. Un día de la década del ’40 le ofrecieron ir a hacer un trabajo a Mar del Plata. Allí fue y no se movió más. Creó una de las empresas más importantes de la MdP industrial como lo fue Ascensores Volta. Quien haya estado en la ciudad, de seguro que haya viajado en uno de esos ascensores.

Creó una gran familia. Con muchos quilombos, como todas. Pero muy linda. Tenía mil anécdotas por contar. Cada cena o encuentro familiar era “escuchar al nono”, a pesar de ya haber escuchado ese cuento o que sea medio contradictorio, era una tradición escucharlo. A los 89 años la vida hizo que de un día para el otro no le renovarán el contrato y nos dejará.

Mi tío Adolfo, el más joven y “gordito” en la foto, al lado de mi nono, era lo bueno en persona. En él la palabra tristeza nunca se reflejó. Ni en los últimos días de esa enfermedad de mierda que se lo comió en pocos meses, supo mostrarse triste. Nació hace algo más de 63 o 64 años, no recuerdo bien. Se crió en el seno de una familia humilde, muy trabajadora. Unas de aquellas a los cuales los planes quinquenales del primer Gobierno de Peron benefició de forma inigualable. Con el tiempo supo que su verdadero camino estaba en el agua. Primero en las lanchitas amarillas del puerto marplatense y luego, un poco más profesionalmente, en barcos de gran porte en el sur argentino como capitán, largos años el mar fue su casa.

Pero siempre, su vuelta a tierra significaba motivo de reunión. Y él contaba a todos sus anecdótas y a los más pequeños de aquel entonces nos juntaba a todos y nos relataba un cuento con su voz ronca. Ya jubilado hace varios años, se había convertido en un indiscutido de la familia. Siempre decía presente en todo. Una enfermedad se lo llevó en sólo cinco meses.

Un blog puede tener múltiples temáticas. Miles de visitantes. Peleas en los comentarios. Pero también está bueno, de vez en cuando, que los que estamos atrás de estos espacios digitales podamos contar un poco más de nuestras vidas. De esas cosas que nos ponen bien, y de aquellas que generan tristeza. Compartir, esa es la clave. De seguro, cada uno de los que lee este blog tendrá un nono José o un tío Adolfo en su familia. Por eso vale recordarlos.

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