Pasó un largo tiempo. O no. A veces, cuando recordamos fragmentos de nuestra vida, pareciera que todo sucedió en etapas, divididas, distintas. Pero lo cierto es con “la piba del 50″ tardamos en vernos otra vez. Aunque nuestro segundo encuentro fue raro. Ella no estaba sola. Al tipo lo envidié. Debo decirlo, ¿por qué no hacerlo? La envidia siempre que sea sana, es positiva. O no. Demos espacio a la duda. A la incertudimbre. Es lo mejor que tenemos.
Ella lo acompañaba. Entendà en aquél segundo encuentro que lo nuestro no iba a ser fácil. Al contrario, era bastante complicado. Pero no todo tiene que ser como uno quiere en la vida. Si fuése asÃ, todos serÃamos felices. O no. La felicidad no es aquello que nosotros pensamos como real. Eso es satisfacción de tener, poseer, obtener. Feliz es estar completo. Que te completen. Ella lo hacÃa. Pero con él.
Comprendà que nuestra relación iba a estar en un plano al que mucho no saben llevar: el de las ideas, el de la personalidad, el del modo de ver las cosas. Ella creo que también se percató de eso. Aunque creo que ya lo habÃa pensado. “La piba del 50″ sabe. Y mucho. Eso fue lo que me atrapó: su encanto iba por otro lado. No era normal.
Y costó entendernos. Pienso que a muchos les pasó también. Siempre cuesta entender al principio. Pero cuando uno encuentra un camino. Una vÃa. Algo claro. Es mucho más simple. ¿O no? Con “la piba del 50″ nos pasó eso. Al principio nuestra relación era de un simple: “Hola” y “Chau”. Muchas veces, ni siquiera eso. Pero poco a poco. Paso a paso. Nos fuimos entendiendo. Pero no hubo clásicos idas y vueltas. Cuando conocà bien a ella, supe que era un viaje que no tenÃa retorno. Raro. Nunca me habÃa pasado eso…
Una risa. Que fácil serÃa todo si todos tendrÃamos una risa para ofrecer. Para dar. Para compartir. Les voy a contar una historia. Capaz que muchas historias en una sola persona. Por ahora la vamos a llamar “la piba del 50″. El tiempo, que es más sabio de lo que pensamos, les irá detallando los rasgo de una mujer pintó una sonrisa. O al menos, que empezó a escribir una historia en el corazón.
No recuerdo cuando la conocÃ. Yo era adolescente aún. O joven. Hoy ya casi no se distingue entre ambas etapas de la vida, ¿por qué será? En fin. La vi una vez. Era rara. Distinta. De esas personas que te realmente te hacen recalcular la vida por completo. Por que las hay, las hay. Todos tenemos una. Algunos la encuentran antes, otros se pasan toda una vida. Pero las hay.
No recuerdo lo que digo aquella vez. La verdad tampoco me importó. Por lo general, cuando no entendemos algo no nos importa. Hacemos como si estuviéramos en una realidad paralela. Muy parecida a esta. Pero donde no prestamos atención. Eso me pasó con “la piba del 50″ la primera vez que la conocÃ. Ella no me importaba. Tampoco lo que decÃa. Mi mente estaba en algo raro, capaz que en temas que por aquél entonces eran los que ocupaban mi cabeza dÃa a dÃa. Si les digo, les miento.
No recuerdo mucho más de aquel primer encuentro con “la piba del 50″. Fue fugaz. Pero fuerte. Hay cosas que te quedan grabadas. Ella hablaba, yo no pensaba. No entendÃa. No querÃa entender.
Recuerdo algo: febrero de 2003. Ocho años y medio desde que conocà a la “piba del 50″. Pasó mucho tiempo. Pasaron muchas cosas. Pero ese dÃa me quedó grabado. ¿O acaso no recordamos fechas significativas para cada uno de nosotros? Creo que sÃ. Vivimos buscando un constante loop de nuestros recuerdos.
Pensamientos sin sentidos. Hay etapas donde uno puede tener destellos de estas ideas que muchas veces no conducen a nada. La mayorÃa, dirÃa yo. Pero bueno, en un intento de darle un giro a esta publicación que venimos llevando a cabo desde hace más de 5 años!, es que buscaré algo por el estilo. Aunque, creo, ya lo venÃa haciendo hace tiempo. Digamos que lo blanqueo ahora y ya esta. Veremos que pasa.
Aún falta, pero con mayor presupuesto y relevancia polÃtica y social, la ciencia nacional crece y gana premios. Una selección de los valientes que exploran las fronteras del conocimiento. (Leer la nota completa)